Desde la contratación estaré a tu lado para conocer todos los detalles de la boda, los horarios y lo que habéis imaginado. Para estar preparado incluso para aquello que no se puede planificar.
Porque lo más importante de una boda no se anuncia.
Sucede sin avisar.
Y para captarlo como se merece, hay que saber cómo será tú gran día, qué lo mueve, qué lo hace distinto.
Sé que probablemente es la primera vez que vivirás algo así de intenso.
Y sé también que detrás de cada boda hay meses de decisiones, ilusión y un deseo enorme de que todo salga bien.
Por eso estaré a tu lado en cada paso del día: para acompañarte, para ayudarte si lo necesitas y para asegurar que todo lo que habéis construido quede bien guardado.
Durante la boda, no solo haré fotos. Observaré. Escucharé. Me moveré cerca sin invadir, buscando esos gestos que os definen y los detalles que dan forma a vuestra historia.
Detalles que muchas veces pasan desapercibidos… pero que harán vuestra boda diferente a los demás.
Especialmente en los preparativos, te acompañaré de forma natural. Para que cada persona luzca como merece. Sin forzar nada. Sin interrumpir. Sin quitarle emoción a lo que está ocurriendo.
Y cuando empiece la ceremonia, y todo comience a suceder solo una vez, estaré atento.
No solo me centraré en vosotros. También a quienes os rodean. Porque muchas de las emociones más valiosas no ocurren en el centro, sino en en el segundo plano: en la mirada de una madre que intenta contener las lágrimas, en la risa tímida de una amiga, en ese abrazo que dura más de lo normal… y lo cambia todo.
No tendrás que preocuparte por las fotos. Solo sentir. Vivir. Y disfrutar.
Yo estaré allí, con los ojos bien abiertos y el corazón en calma, para que cuando todo pase, tengas el reflejo fiel de cómo se vivió tu boda.